04 OCTUBRE 2007
Martes por la tarde. Aparco mi bici, me fumo un cigarro y entro en el ambulatorio. 1ª planta. Recorro un largo pasillo completamente vacío. La puerta de la consulta está abierta. Golpeo tímidamente la puerta con los nudillos al tiempo que asomo la cabeza para comprobar si hay alguien más en la habitación. Me siento frente a mi médico y le digo: “vengo a recoger mis análisis.” Los imprime, los mira y me dice: “Perfecto. Está todo perfecto, muy bien.” Una bocanada de aire salió de mis pulmones en un largo suspiro. Sin embargo, no estaba segura de si eso era lo que realmente quería. Una parte de mí deseaba que aquellos análisis revelaran la verdadera realidad, la realidad de que me estaba muriendo por dentro. Pero no, estaba perfectamente. Aquello atormentaba a mi “yo” negativo y enfermo que lo veía más bien como un fracaso en este largo intento de suicidio que como una esperanza de seguir adelante con mi vida, que como una nueva oportunidad ante mí.
Le pido una receta de Prozac. No sé cuántas van ya con esta. Por último, le pongo al día de mi situación. Le cuento que me he puesto en contacto con ARBADA y que me han dado 3 posibilidades, de las cuales, por supuesto, él me recomienda la tercera de ellas. De modo que, me hace un volante de derivación para la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria del Hospital Royo Villanova. Es el único centro sanitario en Zaragoza en el que existe este tipo de servicio para adultos. Porque… parece mentira que a mis 23 añitos ya haya dejado ser una niña.
En esta Unidad tienen Psiquiatras, Psicólogos, Nutricionistas, Endocrinos… todos ellos especialmente cualificados. La decisión fue mía. Obviamente lo consulté antes con mi madre, le expliqué las posibilidades que tenía y ambas concluimos que ésta sería la mejor, a pesar de que el Hospital se encuentre al otro lado de la ciudad.
A veces me asusto y me da miedo. A veces quiero retroceder. Rendirme. Pero no puedo, sé que no puedo porque soy consciente de que estoy haciendo lo correcto. Sé que no puedo porque me siento tremendamente orgullosa de haber dado este paso y más aún de haberlo dado prácticamente sola. Me siento orgullosa y no estoy dispuesta a tirar la toalla. No ahora que me siento más cerca que nunca del comienzo, más cerca que nunca de enfrentarme a ello, por fin.
Jueves. Esta mañana fui por vez primera al Hospital Royo Villanova. Tan sólo fui para que me dieran mi primera cita. El recorrido en autobús fue de casi una hora durante el cual vi subir y bajar decenas de personas, todas ellas muy distintas. El autobús se iba vaciando cada vez más hasta que por fin, llegamos a nuestro destino, en el que nos apeamos los últimos 3 pasajeros. Anduve unos 200 metros para llegar a la puerta del Hospital. Era un hospital pequeño pero bonito. Rodeado de árboles y pájaros. Una sensación de paz inundó mi interior. Subí y bajé varias plantas, recorrí varios pasillos y pregunté en varios mostradores hasta que por fin di con el que me correspondía. Me hicieron una nueva historia (otra más) y me dieron cita para el día 24. Hasta entonces me tomo unos días de descanso… un merecido descanso.Por primera vez siento que todo va sobre ruedas.
Mañana me voy de vacaciones con mi chico, son las Fiestas del Pilar!! Estaré 10 días en Madrid así que me ausentaré hasta el 15. Escribiré en cuanto esté de vuelta. Ánimo a todas!!
ANA