14 SEPTIEMBRE 2007
Mal. Mal. Mal. La he cagado. La he cagado. Me he rendido. No pude. Sencillamente no pude.
13 de Septiembre: Me desperté antes de que sonara el despertador. Todo seguía en su sitio. Mis apuntes encima de la mesa, los bolígrafos ordenados por tonalidades de colores, la calculadora sobre el montón de papeles en blanco, las zapatillas junto a mi cama. Me levanto, me visto, me preparo el desayuno, enciendo la tele. Todo está en silencio. Estoy sola en casa. Me acabo el café. Mastico el último mordisco de la quinta tira de mi tostada de pan de molde integral.
Me quedo inmóvil. Las 9,30. tengo que estudiar. Me muerdo las uñas. Cambio de canal una y otra vez en un intento de encontrar algo en la programación lo sumamente importante como para aparcar los estudios. Quedan 6 horas y media para el examen. Sólo 6 horas y media. Tengo que estudiar. Aún tengo que mirar el último tema y memorizar esas enormes y larguísimas fórmulas incomprensibles.
Atletismo. Genial. Puedo dejar el estudio para luego. 10,00: Sólo quedan 6 horas para el examen y aún no me he sentado sobre la mesa. Vuelvo a cambiar de canal. Serie de abogados. No es muy buena pero… ¿quién será el asesino? ¿Conseguirán averiguarlo? ¿Qué razones tenía para matar a esa mujer? Me quedo en pos de descubrir el misterioso caso del macabro asesinato.
11,00: 5 horas para el examen. Me siento en mi mesa. Enciendo el ordenador, hago un par de llamadas, miro el correo. Escucho un par de canciones. Entro en mi blog, ningún comentario nuevo. Me muerdo las uñas. No me apetece estudiar.
12,00: 4 horas para el examen. Abro el tema 6. Paso una hoja tras otra. No entiendo nada. No puedo concentrarme. No puedo hacer el examen. Me rindo. No puedo hacerlo. No me apetece salir de casa. No me encuentro con fuerzas. No quiero ver a nadie.
Mis padres no están. Mis hermanos tampoco. Estoy sola. No tengo que dar explicaciones. ¿para qué ir si voy a suspender? Puedo aprovechar la tarde para dormir, ordenar, escribir, comprar… ¿para qué ir? No tengo que dar explicaciones a nadie.
Sigo mordiéndome las uñas. Un pensamiento recorre mi mente: “la he cagado. Soy un fracaso”. Me siento impotente. Estoy sola. No puedo hacer nada. He perdido el control. He perdido el control. Necesito hacer algo. Necesito recuperar el control. Necesito comer algo. Tengo que comer. Pienso en comida. ¿Acaso tengo hambre? No, pero desgraciadamente la comida es mi único instrumento de control. Desgraciadamente, me creo el simple hecho de que la comida me sirve de herramienta. Aunque sólo sea para aparcar esas emociones, esos sentimientos de fracaso, de impotencia, de descontrol… tan sólo unos minutos.
Comer y vomitar. Comer y vomitar. Comer y vomitar. “¿Estás segura?” me digo en un intento de disuadir esa falsa y lamentable necesidad. “Sí, comer y vomitar.”
12,50: Lleno el plato de comida. Me preparo unas tostadas. 3 trozos de tarta de manzana. Sorbete de limón. Coca-cola. Como sin parar delante del televisor sin apenas reparar en la absurda programación. Termino. Como más tarta y una barrita de chocolate. No hay mas qué llevarme a la boca. Voy al baño y vomito.
Me odio. Me odio. Soy un fracaso. En cuanto estoy sola y me siento incapaz, en cuanto siento que todo se me escapa de las manos tengo la necesidad de vomitar. Comer y vomitar. ¿Por qué no soy capaz de controlar eso? ¿Por qué? ¿Por qué?
Mi perro se acerca con esa mirada penetrante. Me huele la mano. Huele a vómito. “Lo siento” le digo. Me odio. Sé que he fracasado y me odio. Me odio por hacerle esto a mi perro, por no ser lo suficientemente fuerte y ceder a la tentación. “Lo siento, cielo” le digo. “Lo siento.”
Pienso que puedo morir por toda esta mierda y lo siento aún más porque no puedo hacerle esto a mi perro. No puedo abandonarle. No puedo hacerle esto. No se lo merece. Le quiero. Le quiero demasiado.
14,30: No me presento al examen. Soy un fracaso. Me duele el estómago y la garganta. Me duele la cabeza. Salgo de paseo con mi perro en un intento de compensarle. Pero me odio. No quiero vivir así, no quiero más esta mierda.
Por la tarde tenía cita con el médico porque… se supone que quiero recuperarme. ¿No me estaré engañando? ¿Qué iba a decirle? ¿“Sí, sí, estoy mucho mejor”? o tal vez un… “no soy capaz, he fracasado.”
Tal vez sólo me esté engañando.
15,30: Ya debería estar en el aula ocupando mi sitio, pero… he fracasado. Y sólo estoy sentada en el sofá mordiéndome las uñas mientras pienso que he fracasado.
Sé que quiero intentarlo. Sé que quiero conseguirlo. Sé que puedo conseguirlo. Pero hay una parte de mí que se niega a avanzar. Es muy difícil. Cuando algo no va como esperaba, cuando siento que no soy capaz de controlar todo lo que me rodea, me siento impotente, incapaz, débil, vulnerable, frágil, insuficiente… y me puede. Esa parte de mí me puede. Pero quiero conseguirlo. Quiero intentarlo.
El médico me pregunta si sigo con problemas con las comidas. Le digo que sí. Que me está costando más de lo que creía. Le digo que pensaba que al decidir que quería recuperarme entonces todo sería mucho más fácil. “Pensabas que sería de la noche a la mañana” añade él. Asiento. Él continúa: “es un proceso largo y muy difícil. Es muy lento. No consiste en una carrera de velocidad de 100m sino en una maratón. Es una carrera mucho más larga y tienes que ir a un paso mucho más lento.”
Sé que quiero correr esta maratón. Que estoy en la línea de salida y que aún me quedan muchos kilómetros. Pero quiero llegar al final. Quiero terminar la carrera por mucho que me cueste, no quiero retirarme. Quiero llegar a la meta y saber qué se siente desde el otro lado. Quiero cumplir mis sueños, quiero intentarlo.
No dejaré que los pequeños baches del camino me puedan, no dejaré que se desvanezcan todos mis sueños por esta estúpida enfermedad que me carcome el alma. No dejaré que acabe conmigo. Estoy en el camino, estoy en el camino. Y lo estoy intentando. Quiero conseguirlo. Sé que aún habrá más baches pero sé que quiero seguir corriendo y eso es lo más importante, porque por muchos baches que haya en el camino estoy convencida de que puedo llegar al final. De que puedo conseguirlo.
Mañana me voy de vacaciones. Me tomo un descanso para volver el 24 con las fuerzas renovadas y seguir corriendo. Gracias por seguir ahí. Gracias por vuestro apoyo. Gracias por entenderme. Quiero recuperarme y estoy intentando reconciliarme conmigo misma de modo que necesito ir poco a poco liberándome de las cadenas que me oprimen. Estoy intentando convencerme, hablar abiertamente y aceptarme tal como soy, de modo que, al fin me he decidido a desvelar parte de mi anonimato y romper ese pequeño silencio, así que, he puesto mi foto. Ésa soy yo.